
isabel de castilla y prado.
duquesa de frías.
información básica.
Nombre completo: Catalina Isabel Luisa Beatriz de Castilla y Prado.
Fecha de nacimiento: 23 de abril de 1852.
Carta astral resumida: Sol en Tauro, luna en Acuario, ascendente en Capricornio y Mercurio en Aries.
Títulos nobiliarios: Duquesa de Frías (desde 1873 debido a su matrimonio).
Nacionalidad: Española.
Edad: 25 años.
Estado civil: Viuda.
Religión: Católica.
historia.
Se casó joven con el anciano duque de Frías pero, por suerte, el hombre murió pronto. No tuvieron descendencia.
Que la relación no le hacía ni pizca de gracia en un primer momento porque fue algo establecido por su padre era más que evidente (en gran parte para alejar a los pretendientes que Isabel tenía en ese momento), pero lo cierto es que su marido y ella consiguieron mantener una cordial relación más de amistad y confesores que otra cosa.
El duque, cuyo matrimonio con Isabel se trataba de unas segundas nupcias, la educó en cuestiones culturales, como la literatura, y la trató bien en todo momento: era alguien que vivía dedicado a su vasta biblioteca familiar y a la explotación de las tierras familiares. Podría decirse que actuó como un segundo padre para la joven.
Su pasión siempre fue la pintura. Además de su colaboración con el gremio, ella misma está entrenada en la materia. Es a través de los círculos artísticos (y por tener familias amigas) que conoce al pintor Antonio de la Sierra Díaz. Que el flechazo de Isabel fue instantáneo podía verse en los ojos nacarados de la española.
Antes de casarse con el duque de Frías, tanto Isabel como Antonio hablaban de marcharse de España y poder seguir sus vidas en Francia, país donde Antonio intenta hacerse un nombre después de haberlo conseguido en su patria; y tierra en la que la familia de Isabel guarda vínculos.
Ni que decir tiene que aquellos sueños se vieron frustrados en cuanto el padre de Isabel pactó a sus espaldas el matrimonio con el duque de Frías, pero tampoco es que el flirteo cesase tras las nupcias: ha habido bastante tonteo estando ella casada, motivo por el que cree que la salud del duque se vio deteriorada a los pocos meses. Castigos divinos y esas cosas.
Tantea la posibilidad de ingresar en un convento. Piensa que el amor no es para ella; después de tantos desencantos es incapaz de verse felizmente casada.
para saber más...
Sigue utilizando el título nobiliario de duquesa de Frías, que heredó al casarse con el difunto aristócrata. Sabe que tarde o temprano tendrá que renunciar a él, ya sea porque la temporada dé sus frutos o porque acabe en el convento, pero por el momento le sirve para distinguirse del resto de sus hermanos.
Que Antonio empezó a cortejar a una de las amigas de Isabel meses antes de que la familia Castilla y Prado emprendiera el viaje a Londres no es para nada casual; se suponía que era para poner celosa a la morena. Que la muchacha en cuestión, Nieves, está más por la labor de tener líos de faldas con un chico del servicio también es algo que Antonio desconoce, pero que Isabel no.
Es ávida lectora, además de poseer primeras ediciones de varias obras culmen de la literatura española. La gran mayoría las heredó del duque de Frías, pero guarda con grato cariño una de las primeras ediciones de las Rimas de Lope de Vega, regalo del hombre al poco tiempo de casarse. Su soneto favorito se encuentra en dicho libro, que obviamente se trajo en su incursión por tierras británicas.
El tema de los fantasmas y el espiritismo que tanto se prodiga por Londres en esa época no le hace ni pizca de gracia. Hay más razones aparte de su creencia de que a los muertos hay que dejarlos tranquilos en el camposanto y que descansen tanto como lo hicieron en vida: el más importante, que sigue flagelándose y creyendo que el tonteo con Antonio fue un efecto dominó que culminó con la enfermedad y posterior muerte de su marido; así que el complejo de mártir culpable está ahí. No lo ha comentado con nadie más aparte de con el amante en cuestión (si se le puede llamar así), porque teme que su familia la vea con malos ojos.
Culo inquieto desde niña, ha tenido aficiones por doquier: le gusta hacer cosas hasta la extenuación, aunque por el momento son la pintura, la literatura y la vida social lo que la tienen más absorbida. Por este motivo siempre suele llevar más equipaje de la cuenta a los viajes, es impredecible hasta la médula.
De nuevo, ese afán por querer aprender de todo y no quedarse sentada le ha traído cosas buenas: sabe varios idiomas, entre los que se encuentran el castellano, el francés (que perfeccionó cuando la familia estuvo viviendo en tierras galas), el italiano y el inglés. Nunca se cierra puertas en ese ámbito: considera una señal de respeto hablar en la lengua de preferencia de cada persona.
Es fácil encontrársela en museos de la ciudad, especialmente en la Royal Academy, donde se encuentra el cuadro que la tiene fascinada por el momento: la Ophelia de Millais.


